AQUÍ ESTAMOS UNA VEZ MÁS


Aquí estamos una vez más.

—¿Cuánto más podría aguantar? ¿Por qué me sigues haciendo esto? Deja ya de mentirte y de mentirme. Tú no estás bien, nunca lo has estado. Quizá no tengas razones suficientes para estar mal, pero eso no cambia el hecho de que lo estás.


Yo sé que te vives comparando con los demás, pensando que alguien ha sufrido más que tú o que tienes muchas razones para estar bien, para ser feliz… y un largo etcétera.


Pero eso no hará desaparecer tu dolor. Al contrario, solo te hace más daño. Deja ya de compararte. Bastante tienes con sufrir por tu futuro, tu presente y tu pasado.


Es que no estás viviendo. Te has pasado la vida viviendo para otros. Cada vez que piensas en morir, solo te viene a la mente los demás: ¿cómo podría afectarles tu decisión? ¿Qué sería de uno o del otro? Y así con todas las decisiones que tomas. Siempre está presente ese «le haré daño» o «no será de su agrado».


Ya sé que la autocrítica tampoco ayuda mucho, pero cuando alguien más te dice estas cosas, te pones peor. Así que prefiero decírtelas yo.


Quizá esto tampoco ayude demasiado y realmente tengamos que reconocer que la vida nos está quedando grande…


—¡Ey, espera! No vayas más por ahí…


La vida siempre ha sido grande y, además, ¡es maravillosa! Eso es algo que siempre hemos agradecido. Lo que debemos reconocer es que no sabemos qué hacer con nuestra vida y que nos cuesta sentirnos bien emocionalmente la mayor parte del tiempo.


Quizá sea momento de reconocer que necesitamos ayuda más allá de la que hemos buscado hasta ahora. Necesitamos una valoración médica y, si es necesario, psiquiátrica, que nos permita comprender mejor lo que nos está pasando. Tal vez no sea algo que podamos resolver únicamente hablando o escribiendo. Necesitamos explorar qué hay detrás de este sufrimiento y encontrar la ayuda adecuada para aprender a vivir con más tranquilidad.


Lamento hacernos sufrir tanto. Nunca he querido mentirnos; solo he buscado mil y una maneras de estar bien. Y sé que he roto tu confianza en mí. Ya no confías en mis deseos ni en mis pensamientos, y es comprensible: otras veces hemos tomado decisiones convencidas de que nos harían felices y, al final, hemos terminado deseando no estar viviendo el escenario que nosotras mismas creamos.


De verdad, lo siento mucho. Lo único que siempre he deseado es sentirme en paz con una decisión, dejar de cuestionarme tanto y poder avanzar sin preguntarme constantemente si me he equivocado.


Espero sinceramente que algún día pueda escribirte para decirte que lo hemos logrado; que, al fin, hemos aprendido a ser felices y a disfrutar de la vida, al menos la mayor parte del tiempo.


Sé que no te lo digo a menudo, o por lo menos no tanto como debería, pero… ¡te amo!


—Yo también te amo. Y, aunque todavía no sepamos cómo hacerlo, quiero que sigamos buscando la manera de vivir sin sentirnos atrapadas. Prometo seguir intentando protegerte, incluso cuando nos cueste encontrar el camino. No tenemos que resolverlo todo hoy ni encontrar todas las respuestas de una vez.


Seguiremos buscando ayuda, aprendiendo a escucharnos y recordándonos que merecemos una vida en la que también haya espacio para nosotras.


No quiero que tengas que ser fuerte todo el tiempo. Quiero que algún día puedas descansar de esa lucha constante y sentir que, por fin, estás en paz contigo misma. ❤️


Escrito por. Diana P. Ortiz C.

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