FELICIDAD...
El día que intentamos definir la felicidad
Después de preguntarnos lo que significa ser libre, inevitablemente buscamos dar una definición a la felicidad.
A veces la felicidad no hace ruido.
Solo se acomoda a nuestro lado.
“Quizá el mayor error no fue dejar de buscar la felicidad. Quizá fue creer que solo podía tener una definición.”
Hay palabras que utilizamos tanto que, con el tiempo, parecen perder parte de su esencia.
Una de ellas es felicidad.
La escuchamos desde que somos pequeños.
Nos dicen que debemos buscarla, protegerla y alcanzarla. Nos prometen que algún día llegará si hacemos las cosas “correctas”. Estudiar, trabajar, formar una familia, viajar, cumplir metas… Como si existiera un camino universal capaz de llevarnos al mismo destino.
Pero nunca nos preguntamos algo mucho más sencillo.
¿Y si mi felicidad no se parece a la tuya?
Últimamente esa pregunta no deja de acompañarme.
Porque cuanto más observo a las personas, más me doy cuenta de que todos perseguimos algo distinto.
Hay quien encuentra la felicidad en una casa llena de risas.
Otros la encuentran viajando sin rumbo.
Hay quien la descubre en una profesión que ama.
Y también quien solo desea una tarde tranquila, un café caliente y el silencio suficiente para escuchar sus propios pensamientos.
Entonces…
¿Por qué seguimos buscando una definición que sirva para todos?
Cuanto más lo pienso, más me lleva a concluir que el día que intentamos definir la felicidad, dejó de tener significado para muchos.
Porque, sin darnos cuenta, empezamos a compararla.
Comenzamos a creer que había una única manera de vivir bien.
Que si nuestra vida no se parecía a la de los demás, quizá estábamos haciendo algo mal.
Y así nació una carrera silenciosa.
La de perseguir una felicidad prestada.
Compramos cosas que no necesitábamos.
Aceptamos trabajos que no disfrutábamos.
Tomamos decisiones esperando sentir aquello que otros aseguraban haber encontrado.
Y, cuando la felicidad no aparecía, pensábamos que el problema estaba en nosotros.
Pero ¿y si nunca estuvo ahí?
Quizá la felicidad nunca fue una meta.
Quizá nunca fue un premio por hacer las cosas correctamente.
Quizá tampoco sea un estado permanente.
Porque, si somos sinceros, incluso los días más felices tienen momentos difíciles.
Y los días más oscuros también esconden pequeños instantes de luz.
Tal vez la felicidad no sea una vida perfecta.
Tal vez sea la capacidad de reconocer esos pequeños momentos antes de que pasen desapercibidos.
Una conversación que necesitábamos.
La risa de alguien que queremos.
Leer unas páginas de un libro mientras el mundo sigue corriendo.
El olor de la lluvia.
El primer café de la mañana.
Un abrazo inesperado.
La tranquilidad de llegar a casa.
No parecen grandes acontecimientos.
Precisamente por eso solemos ignorarlos.
Vivimos esperando que la felicidad llegue envuelta en fuegos artificiales, cuando quizá siempre ha preferido presentarse en silencio.
Y mientras esperamos algo extraordinario, dejamos escapar lo cotidiano.
No creo que exista una definición perfecta de la felicidad.
Y, sinceramente, espero que nunca exista.
Porque significaría que alguien decidió por todos nosotros cómo debería sentirse una vida bien vivida.
Prefiero pensar que cada persona tiene el derecho de descubrir la suya.
De cambiarla.
De perderla.
Y de volver a encontrarla una y otra vez.
Quizá por eso la felicidad cambia con los años.
Lo que ayer era suficiente hoy ya no lo es.
Lo que antes parecía imprescindible ahora apenas importa.
Y eso no significa que estemos perdidos.
Significa que seguimos creciendo.
Al final, tal vez la felicidad no sea una respuesta.
Tal vez sea una pregunta que nos acompaña toda la vida.
Una pregunta que cambia cada vez que cambiamos nosotros.
Y quizá ahí esté su verdadera belleza.
No en encontrar una definición definitiva.
Sino en permitirnos descubrir, una y otra vez, qué significa para nosotros.
Porque tal vez la felicidad nunca necesitó ser explicada.
Solo vivida.
Y quizá el día que dejamos de intentar definirla sea el mismo día en que empezamos, por fin, a reconocerla.
Hace unas semanas escribía sobre cómo reconocer nuestros límites también es avanzar. Hoy creo que ambas reflexiones están relacionadas. Quizá solo cuando dejamos de exigirnos tanto empezamos a descubrir una felicidad más sencilla y una libertad más nuestra.
💬 ¿Te identificas con la felicidad de otros?
¿Qué es la felicidad para ti?
Te leo en comentarios...
Escrito por... Diana P. Ortiz C.


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